Desde la Sociedad Española de Medicina Geriátrica, la Sociedad Castellana de Cardiología y la Confederación Española de Organizaciones de Mayores:

  1. Manifestamos nuestra máxima preocupación ante el impacto de la Covid-19 en la salud de las personas mayores con patologías previas cardiovasculares, doblemente vulnerables por los retrasos en la atención y el infradiagnóstico.
  2. Instamos a los decisores políticos a evitar planteamientos edadistas y a adoptar políticas proactivas para garantizar el envejecimiento activo y la calidad de vida de todas las personas. Urge mejorar la calidad asistencial y los cuidados, apostando por un enfoque integral.
  3. Reclamamos que se tenga en cuenta la opinión informada y consensuada de los profesionales de la sanidad y otros agentes sociales para desarrollar políticas con visión de futuro.

La crisis sanitaria ha supuesto un duro golpe para las personas mayores con enfermedades cardiovasculares, colectivo que ha sufrido con gran crudeza la Covid-19, tanto en términos de fallecimientos como en deterioro de la salud y la calidad de vida, debido al confinamiento.

El deterioro funcional que sufren multitud de personas ha agudizado los episodios cardíacos críticos, tal y como demuestran los datos durante la evolución de la pandemia. La mortalidad entre las personas mayores, debida principalmente a la existencia de patologías previas como las cardiovasculares, incluyendo la enfermedad cardíaca estructural, ha provocado una bajada sin precedentes de la esperanza de vida en España, según publica Eurostat.

Sin embargo, el abordaje político de estas patologías se enfrenta todavía a una cultura discriminatoria, debido a la percepción de que los síntomas provocados por patologías cardíacas son inevitables con el envejecimiento. Este edadismo obstaculiza la toma de decisiones que garanticen la calidad de vida y el desarrollo del envejecimiento activo, de manera real y duradera.

Ser mayor no es una enfermedad: a pesar de los esfuerzos de los profesionales sanitarios, las dificultades para alcanzar un diagnóstico temprano y un manejo sociosanitario eficiente de muchas de estas patologías han provocado situaciones de vulnerabilidad y sufrimiento inasumibles.

Necesitamos medidas actualizadas en materia de salud cardiovascular que permitan reducir la mortalidad y la dependencia, disminuir las estancias hospitalarias innecesarias e incrementar la efectividad de los recursos utilizados.

Cabe recordar que, según los datos del INE, el 42% de los ciudadanos padece más de un factor de riesgo cardiovascular, que se incrementa con la edad; al mismo tiempo, el progresivo envejecimiento de la población es una realidad. No podemos dejar de lado esta pandemia silenciosa y debemos doblar los esfuerzos en el futuro inmediato para retomar el curso del envejecimiento activo y saludable.

La protección de la salud pública requiere más que nunca un enfoque multidisciplinar, capaz de dar respuesta a desafíos sociosanitarios de diversa índole a través de estrategias a medio y largo plazo que cuenten con el conocimiento, la experiencia y el consenso de todos los actores sociales involucrados.

Por todo ello, pedimos a los candidatos de las próximas elecciones un compromiso firme y claro con la mejora de la salud cardiovascular, a través de la necesaria actualización del Plan de Salud Cardiovascular de la Comunidad de Madrid, incorporando nuevas soluciones que atiendan especialmente a su impacto social ante el envejecimiento de la población.