Eduardo Rodríguez Rovira

Indudablemente una de las mayores causas de angustia en las personas mayores de 70 años confinadas en sus domicilios ha sido la noticia de que no se ingresaría en la UCI a los pacientes con coronavirus de más de 80 años. En muchos hospitales se ha aplicado tal cual. En otros se tenía como criterio de prioridad la esperanza de vida con calidad. Ciertamente no era sólo una cuestión de edad cronológica, sino biológica, tratándose de salvar al que tuviera expectativas mínimas de supervivencia de al menos dos años sin grave discapacidad y que se tendría en cuenta el valor social de las personas (familiares a su cargo etc.). Pero todavía el desasosiego era mayor cuando llegaron noticias de que los hospitales saturados recomendaban los no traslados a las personas mayores de 70 años, dato confirmado por los testimonios de familiares de los pacientes.

Ante tamaña barbaridad, el Ministerio de Sanidad ha eliminado el criterio simple de la edad para impedir la atención de los mayores de 70 u 80 años, según los casos. ¡La elevada edad no es una enfermedad!

Si hubiera vivido en nuestros días Francisco de Ayala y le hubiera atrapado el coronavirus a los 85 años en ciertos hospitales españoles, no hubiera pasado a la UCI y se le hubiera sedado siguiendo las instrucciones dadas, pues su esperanza de vida se supondría era muy corta. El escritor, ¡solo tuvo 18 años de vida a partir de esa fecha para seguir escribiendo!

Algo parecido les hubiera ocurrido a los Premios Nóbel de literatura en Español mayores de 80 años si hubieran vivido en marzo 2020: José de Echegaray (+84 años), Jacinto Benavente (+ 88 años), Vicente Aleixandre (+86a), (Camilo José de Cela (+ 85 años), Octavio Paz (+84 años) y Gabriel María Márquez (+87 años).  Mario Vargas Llosa es el único que vive en la actualidad con 84 años, una edad para algunos, escandalosa y hoy de especial riesgo (por cierto, es la mía y para algunos debo pedir perdón por ello). Ya hubiera sido bingo que se hubiera permitido a los Nóbel simplemente acceder al servicio de urgencias a los 84 años. Menos mal que alguien podría haberles reconocido a pesar de tener mal especto y que se les hubiera tenido en cuenta el “valor social” permitiéndoles entrar en el sancta sanctorum de las UCIs.

Desde luego algunos no habrían conseguido el Premio Nobel si se hubieran contagiado por el coronavirus a los 75 años en nuestra época y por no recibir atención adecuada debido a su provecta edad hubieran fallecido. Por ejemplo, Octavio Paz que lo obtuvo a los 76 años y Aleixandre a los 79 años. Que desfachatez, recibir el Premio tan viejos…

Curiosamente dos Premios Nobel en español, los chilenos Gabriela Mistral (+ 68 años) y Pablo Neruda (+ 69 años), sí podrían haber superado las pruebas para ser tratados en forma si estuvieran gravemente atacados por el virus por no haber cumplido los 70 años. Pero curiosamente su supuesta esperanza de vida de más de dos años en calidad se habría quedado reducida en este caso a uno y dos años de vida. ¡Vaya, qué horror, se habría incumplido el protocolo!

Ya que estamos en un tema de salud, podríamos mencionar médicos famosos, los que seguramente no obtendrían ninguna prioridad, porque el protocolo es muy estricto y la falta de protección a los profesionales sanitarios como hemos visto en los millares de contagios, algunos fatales, ha sido clamorosa. Santiago Ramón y Cajal, Severo Ochoa,  Segovia de Arana y tantos otros que nos vienen a la memoria habrían sucumbido en esta pandemia porque habrían cometido el grave error de pasar de los 80 años y algunos hasta llevar barba, que les haría más viejos. Con suerte alguien podría pensar que tendrían más de dos años de esperanza de vida con calidad y al ser muy conocidos en el sector salvarles también, pero incumpliendo el protocolo.

Peor lo habría llevado gente como Picasso (+ 92 años), pero no merece la pena seguir porque la lista de personas ilustres españolas que murieron de avanzada edad con esperanza de vida superior a los dos años en calidad sería interminable. Por cierto, hoy, el número de personas mayores de 85 años es la cohorte de edad que está creciendo más deprisa, la mayor parte con estado de salud muy razonable.

Algunas actuaciones con motivo de esta pandemia, como las señaladas, han estado causando especial zozobra a la población mayor (y a sus familias y amigos). Deberíamos reconfortarla y garantizarla que pueden seguir disfrutando de la vida sin sobresaltos y a las que se sienten solas que estarán protegidas efectivamente por las redes sociales informales y las formales de la Administración.

Esas limitaciones de edad -70 y 80 años- a las que hemos aludido, para nosotros, los actuales supervivientes, han sido solo una pesadilla de una mala noche. No lo fue para los que no pudieron ser atendidos y perdieron su vida.