Transparencia Internacional acaba de publicar el Índice de la Percepción de la Corrupción 2020. En este indicador España ocupa el puesto 32 de entre los 180 países analizados. España ha caído dos posiciones desde 2019. Sinceramente no tenemos motivo para enorgullecernos. A la cabeza en limpieza de corrupción, sin ninguna sorpresa, los habituales países escandinavos y Nueva Zelanda.

Entre los comentarios interesantes del estudio, está la constatación de que Covid-19 ha favorecido la corrupción por la concentración de autoridad y la disminución de controles debido a las restricciones políticas. Seguramente nos suene familiar a los españoles la referencia a la ruptura de los procedimientos normales de compras de equipos médicos, tests, mascarillas etc. que han provocado numerosos casos de corrupción.

Es curioso que a veces dejamos de lado algunos grandes casos de corrupción, que pasan a veces sin mucha pena por los medios de comunicación (corrupciones millonarias de los ERES), mientras que pequeñas corruptelas, como incluirse los primeros en las listas de vacunación, provocan grandes escándalos mediáticos. ¡Hasta ahí podíamos llegar, que se nos cuele alguien en una cola!

España es un país que está a la cabeza del mundo en muchos campos y presumimos de ello. Somos uno de los países con mayor esperanza de vida, es decir salud, número uno en trasplantes de órganos,  segundo idioma en internet, con Escuelas de Negocios entre las más importantes del mundo, empresas de infraestructuras, energías renovables, de textiles números uno en el mundo, tercer país con Patrimonio Cultural de la Humanidad reconocido por la UNESCO, potencia mayor en turismo, los mayores productores del mundo en aceite de oliva, vino… Sí, es para presumir de ello, y nuestros lectores ampliarán la lista.   A veces el esfuerzo proviene de generaciones, otras veces de individuos geniales y equipos bien dirigidos.

Pero desgraciadamente nuestra buena imagen es destruida por la mala imagen y la corrupción de unos pocos depredadores En estos últimos tiempos hemos tenido malos ejemplos de corrupción y falta de trasparencia, que por razones obvias suelen circular juntas. Falsos doctorados a todos los niveles de la Administración, que nos dan vergüenza ajena, puertas correderas, escandalosos contratos de Estado con notorio  descaro, reiteradas negativas a declarar a Transparencia lo que se suponen inocentes actividades del Estado, si no fuera por su ocultación, ostensible preferencia por la política frente a la salud, como han supuesto las fechas 8 de marzo y 14 de junio o la capacidad de “disfrute” admitida por los responsables políticos en esta pandemia tan letal (dentro de pocas semanas empezaremos a hablar de 100.000 muertos) Dejamos a nuestros lectores que también amplíen esta lista de mala praxis.

El informe “La reputación de España en el Mundo” del Real Instituto Elcano analiza la percepción que 30.000 encuestadores internacionales tienen de España y otros 54 países. La palabra reputación tiene resonancias históricas, pues gran parte de la acción exterior de nuestra Corona en el siglo XVII fundamentalmente estaba basada en la defensa de este concepto.

España ha ocupado en 2020 el puesto nº 13 en este ranking de países con mejor reputación (de la citada lista de 55 países). Esta posición es muy similar a la que ocupamos como potencia económica en el mundo. Recordemos que hace poco estuvimos luchando para entrar en el G8 y es desmoralizante una decadencia tan rápida. Somos fuertes en las denominadas variables soft (estilo de vida, entorno nacional, posibilidades ocio, talante habitantes…), mientras ocupamos puestos peores en las variables hard (tecnología, innovación, sistema educativo, marcas comerciales y empresas…)

Nos gustaría estar más arriba en este ranking, pero nos contentaremos con un una puntuación de notable. Ahora bien lo que no nos extrañará es ver que en esta encuesta mundial España la reputación en el terreno de la ética y transparencia y el entorno político institucional España pierda cuatro puestos, colocándose en el 19 lugar del ranking, tirando para abajo la puntuación media.

Estamos hablando de encuestas internacionales y naturalmente ahí no llega la propaganda a la que estamos acostumbrados.

 

Eduardo Rodríguez Rovira, Presidente de Honor de CEOMA